5 reflexiones tras el fin de semana en la Premier League y la FA Cup
El Leeds United ha subido a la Premier League tras un camino largo pero dulce como ningún otro habiendo alcanzado la meta, el Leicester ha hecho una gran temporada pero de la forma en la que no debía hacerlo, el Watford ha despedido a Nigel Pearson en su particular día de la marmota y Arsenal y Chelsea derrotaron a los equipos de Manchester para formar una final londinense.
El Leeds y Bielsa finalmente lo lograron

1. Que lo que pase, pase

Suena el despertador. Es como si fuese Bill Murray pero en realidad es Troy Deeney. El Watford ha cambiado de entrenador. Otra vez. El día de la marmota en versión Watford. El día del abejorro. O del alce. O del Sebastian Prödl. El caso es que el Watford nunca dejó de ser criticado, pero al menos cuando cambiaban de entrenador cada verano, entre una temporada y otra, parecía haber una metodología detrás de la locura. Luego empezaron a hacerlo durante las temporadas y perdieron el rumbo, porque tampoco se esforzaron tanto como creen que lo hicieron en no perderlo. Marco Silva fue despedido, pero luego el poso, el temple navarro de Javi Gracia pareció darles rumbo y sofocar la tentación de apretar el gatillo. Hasta que dejó de hacerlo. Y no costó mucho que lo hiciese. Se había quedado a las puertas de la primera FA Cup de la historia del club. Un 6-0 en la final y 1 punto de los 12 primeros de la subsiguiente Premier League les dejó huecos por dentro. Aunque posiblemente nunca lo habían dejado de estar.

Porque han querido pretender ser mejores de lo que son, un club modelo y no uno catastrófico. Pero la escuela Maurizio Zamparini (el que se “zampaba” entrenadores y en Palermo, concretamente, a 40 en 15 años) ha prevalecido en los instintos de Gino Pozzo. A dos “finales” del final, a un sólo paso de sellar la salvación, aquello que parece tan vital, tan imprescindible que cualquier bandazo prevalece ante cualquier comedida decisión. Si se llega a mañana bien y si no, “se habrá intentado”. Pero, en realidad, ¿se habrá intentado? ¿O simplemente se habrá creado esa ilusión? La reputación del club dice que lo que se ha intentado ha sido jugar con cerillas y gasolina. Mientras, la reputación de Nigel Pearson no podría haber sido más rehabilitada; víctima de un incomprensible despido pero después de haber ganado partidos, de haber sacado al Watford del hoyo y todo después de estar arruinado en imagen y reputación.

Es que, a ver, había sido previamente fulminado de un equipo de la segunda división belga. Segunda división belga. Y aun con todos estos giros del destino, por no mencionar ese de la pandemia mundial, aquí nos encontramos. Al final, una derrota en West Ham no se puede perdonar, ¿no? Es difícil saber qué extraer de todo esto, de que Hayden Mullins (precisamente exjugador del West Ham) vuelva a encontrarse al frente del equipo. De manera temporal y sólo hasta que pase este temporal, aunque realmente sólo se esté produciendo dentro de un vaso de agua. Por su propio bien, así como evidentemente el del Watford, más le vale no caer. Aunque conseguirlo, sin embargo, no sería por el bien de la tragicomedia.


2. Una patada frontal

Toda la temporada Chelsea y Manchester United han sido una extraña versión del otro. Desde el primer partido, en el que se enfrentaron, los caminos, las interminables comparativas, iban a estar entrelazadas. Sin embargo, pese a todos los parecidos, el ganador, allá en cada encontronazo, era el mismo: el Manchester United. Tres veces, tres mismos resultados. Con los Red Devils carburando en todos sectores, la sensación era que llegaban a un ritmo un tanto más rápido, un tanto más imparable que el Chelsea. En liga y, por extensión, en esta FA Cup. Sin embargo, a esta batalla, quizás no salieron con la misma falta de piedad.

Sabiendo que la Champions League está pendiendo de un hilo a pesar de que está en su mano, Solskjaer movió ficha y con ello vimos a Pogba y a Martial descansar. El temblor había sido sutil, pero Olivier Giroud se encargó de que no fuese en vano, de que la oportunidad no fuese desaprovechada. Porque ello lo habían provocado los cambios iniciales y la forma en la que Eric Bailly sufrió una colisión craneal con Antonio Rüdiger y poco después contra su propio compañero Harry Maguire. De la primera se recuperó, pero no de la segunda, y con ello la primera parte vimos llegar a prácticamente una hora de juego. Lo que ya había sido un estratégico enfrentamiento, continuó por un raro camino. Lampard y Solskjaer no querían dejarle al otro el suficiente sitio para maniobrar. Porque ese ha sido una de las grandes críticas infligidas sobre ambos. Lo tienen todo, pero también una supuesta gran laguna defensiva de existencialmente amenazante. Sobre todo Lampard, como bien señalaba Jonathan Wilson en The Guardian la previa del choque y como ha hecho también en el pasado con destreza.

Pero cuando el baile era demasiado cercano, cuando estaban demasiado pegados los unos a los otros, el Chelsea, a través Olivier “Mr. FA Cup” Giroud, encontró esa apertura. Y para cuando se habían dado todos cuenta, incluso con el descanso en medio, los Blues estaban dos goles arriba; David de Gea dos metros bajo el suelo de Wembley, tras una dudosa primera intervención y una fatídica segunda. Ese de Gea de la selección, apareciendo en un partido del Chelsea, donde los problemas de porteros suelen ser del… propio Chelsea. Llegaron dos pequeños giros más, pero cuando el caos era incipiente, cuando tanto de la reputación de uno y otro respecto a si saben ganar cuando más importa o no, Lampard creó la separación suficiente, para ejecutar una metafórica patada frontal y ganar al Manchester United, cuando más intangible prestigio había en juego.


3. Recuperar la inercia

La orgánica, esperanzadora evolución en aquello que el Arsenal debió ser desde el principio descarriló hace una semana cuando los chicos de Mikel Arteta fueron frenados y batidos por ese club presentemente errante también conocido como Tottenham Hotspur. Mourinho siendo el iconoclasta tan tradicional, tan poco brillante hoy en día comparado con sus mejores momentos, conjuró las suficientes de sus habilidades y arrojó su vaso de agua sobre la pólvora de los “cañones” del otro lado de la ciudad. El mismo viejo Arsenal. Sin embargo, no. Porque recibieron acto seguido al Liverpool y… ¿ganaron? ¡Ganaron! Había algo en la fórmula de pegamento de Emery que sólo duraba para una serie de partidos y después corroía al equipo y había que empezar de cero. Se convirtió en tan errático e impredecible ese círculo, que lo detuvieron y se lo dieron a Arteta, que entraba por la puerta con su más brillante Loctite. Tal y como los anuncios, lo une todo y lo resiste todo. Y eso es lo que ha hecho con este equipo, que ya empieza a estar donde tiene que estar.

Hay muchas razones para pensar que no serán en los próximos años jamás un verdadero contendiente al título y es que Arteta tarde o temprano probablemente se encontrará con los profundos problemas institucionales y ejecutivos del club. Dejar ir a uno de los brillantes directores deportivos/scouts de su generación en Sven Mislintat para apostar mayormente por alguien con “Una Enorme Lista de ContactosTM” en Raúl Sanllehi en un mundo tan competitivo como el que están marcando clubes como Liverpool o Manchester City, es una idea ambiciosa, por no decir mala. Pero a los resultados esperaremos. Porque es justamente a esos dos equipos a los que les ha ganado en un espacio de cuatro días. A ambos. Resistieron a la tormenta roja y aprovecharon la apertura de un error de Virgil van Dijk para ganar.

Y luego, cuando debía ser demostrado que en realidad eso había sido casualidad, compitieron contra el Manchester City. Detrás de toda la brillantina y aura de Arteta, resulta que hay un entrenador extremadamente capaz. Y que le paró los pies a sus antiguos compañeros. La incipiente y justificada sospecha es que el Arsenal sigue construido sobre un base de gelatina, pero Arteta la ha cogido y ha abrazado la inestabilidad que les constituye y ganó al City a su propio juego. Con toques uno detrás de otro, imprimidos de confianza colectiva, para abacar marcando. Y cuando necesitaron confirmar, Aubameyang, uno de los mayores milagros que ha extraído el Arsenal del éter en el último lustro, marcó otra vez en un anticlimático contragolpe. De repente, habían ganado. Y aunque el cómputo global de la calidad y cantidad de las ocasiones creadas favorecieron a Liverpool y a City, y es por ello por lo que habría que contener ese deseo de proclamar a Arteta el nuevo mesías, el Arsenal ha ganado ambos partidos. Gracias al segundo, a este último, está a una victoria más de ser otra vez campeón de la FA Cup.


4. Una temporada distorsionada

Ocurre un complicado juego de percepción en fútbol. Dos logros “exactamente iguales” en realidad pueden no serlo. Pueden ser todo menos “lo mismo”. Un mal comienzo, una redención desde la dificultad, desde las horas bajas, hubiese convertido a los chicos del Leicester en alguna clase de héroes. Sin embargo, la amargura de este final es amargo y con ganas, lo es con regocijo. Tenían la Champions League ahí y puede que un postrero, definitivo milagro les vuelva a catapultar a ella. Pero la sensación es que la conclusión de todo esto, de su brillante temporada hasta justo el final, ya ha sido materializada. Víctimas de su propio éxito, su meritorio (probable) quinto puesto será poco más que el recuerdo de lo que estaba “en su mano”. Habrá una mente en la que este pensamiento surgirá; cuando estén jugando en Poznan y no en Turín la próxima temporada; en Krasnodar y no en San Petersburgo.

Curiosamente, si acaban en Estambul sería para jugar con el Besiktas, no con el Istanbul Basaksehir. Pero el caso es que la oportunidad perdida será anhelada. Sin embargo, ¿ha sido realmente perdida? Porque esto que ha sucedido con el Leicester ha sucedido anteriormente con muchos otros equipos. Entre ellos, alguno dirigido por el hombre del momento, por Marcelo Bielsa. Empezar fuerte, situarte en la cima jornada tras jornada, como si realmente significase algo, como si realmente lo que contase fuese cómo se empieza y no cómo se acaba. Se produce una distorsión con el éxito temprano que lo hace convertirse en la situación “por defecto”. Han ganado todos estos partidos, a un ritmo superior al de sus rivales durante semanas y semanas, este éxito es lo normal, ¿verdad? ¿O no?

No, no siempre, no necesariamente. Pero has creado esa ilusión en la gente. Y si revelarle a un niño que Papá Noel no existe en la forma que cree que existe puede ser duro y traumático, dile a un aficionado al fútbol que haber sido líder durante la mayoría de la temporada también ha sido una ilusión de su imaginación. Fue real, sí, pero lo que se quiere es el regalo final. Se quiere el destino, no tanto el camino. Y aquí está el Leicester tras una gran temporada. Pudo haber sido mejor (¡puede que lo sea todavía!). Pero también podría haber sido “mejor” sin haber estado un solo día en puestos Champions, no sólo habiéndolo perdido.

 

5. Hecho, conseguido

Exhalación, una tan satisfactoria, con el Leeds finalmente al otro lado de la meta. La temporada pasada fue todo lo descrito en la reflexión inmediatamente anterior a esta. Todo tipo de profunda decepción, porque había hecho creer que sí, que su habilidad no sería derrumbada. Esta vez, en cambio, no lo fue; esta vez ascendieron. Un Leeds que no había sido tampoco el eterno aspirante que ha sido el Derby County durante los últimos siete años. La incompetencia del Leeds les había mantenido lejos hasta de eso, con una curtidora estancia en League One entre ascensos y descensos. Un par de años antes de llegar Bielsa sí parecían haber encontrado las piezas suficientes, pero desafortunadamente el castillo acabó demostrando ser de arena. Y la temporada siguiente hasta los cubos tuvieron agujeros. Entonces, el momento que lo cambió todo, la persona que lo cambió todo: ¿The Crazy One? “El Loco”. Porque hay que estar no muy bien de la cabeza para proseguir por el camino que Marcelo Bielsa ha proseguido y prosigue, con su convicción de hierro, además.

La bonita historia que fue esa primera temporada, pero sin un final feliz. A punto de serlo hasta bien avanzado el último partido de la temporada: la vuelta de las semifinales contra el Derby County. Su mayor archienemigo. Históricamente uno de sus mayores, pocas veces antes con el desdén y el rencor de esta vez. Que pudieran trasladar su fiesta del ascenso a Pride Park y a nada menos que a una victoria sobre el equipo, sobre el Derby County, fue una guinda inesperada pero retorcidamente poética. Que nos mostró las caras de la tensión liberada en un Víctor Orta troll como pocos se han visto en fútbol: con prismáticos y una bandera de “La Vida Moderna” celebrando desde la grada. Nos mostró también el incansable pero sobre todo genuino sentimiento de responsabilidad de Bielsa con la gente que hace posible su trabajo. Y la felicidad y complicidad de un equipo que no sólo ganó al Derby, sino que lo hizo remontando, así como habían sido ellos remontados 14 meses atrás.

Pero todo había ocurrido dos días antes, cuando el West Brom sucumbió ante la presión y los dos goles del Huddersfield. Ese resultado hizo al Leeds lograr ese sobre-esforzado objetivo, que o iba a llegar esta vez o muy probablemente no iba a llegar nunca. Al igual que para Bielsa. Esta quizás era su último gran rodeo como entrenador. Si no lo conseguía en la ciudad que ha hecho de él el elegido, su ídolo, su héroe en chándal y gafas; con temperamento y filosofía argentina. El entrenador favorito de tu entrenador favorito; al que tantas veces le ha faltado esa pizca final y que esta vez por fin la logró, la extrajo de algún lugar. Para imprimir magia en cada paso a este equipo e imprimir este equipo magia en él, y en toda la gente que les sigue, en una ciudad pletórica porque ha vuelto a la Premier League pero incluso más todavía porque ello ha sido fruto de haberle conocido.

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