Doblan las campanas en Anfield

Tras 17 años, Steven Gerrard abandona Anfield para poner rumbo a Estados Unidos. La próxima temporada será la primera en casi dos décadas que no le veamos pisar los céspedes de la Premier League. Una marcha que nos afecta un poco a todos nosotros. 

Por Ilie Oleart | 17/05/2015 Steven Gerrard
Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.
John Donne, poeta inglés (1572-1631)
Recuerdo perfectamente el debut de Steven Gerrard. Estábamos a finales de 1998 y yo había acabado la universidad hacía poco tras un paréntesis de nueve meses para realizar el servicio militar en el Pirineo aragonés. Por aquel entonces llevaba apenas un par de meses en el primer trabajo a tiempo completo de mi vida, tenía dinero en la cuenta (tal vez por primera vez en mi vida también) y ganas de gastarlo. Así que me aficioné a ir al pub a ver todos los partidos que podía. Como aquel día.
Podría citar los nombres y apellidos de los tres amigos con los que vi en mi piso aquel legendario Liverpool 5-Alavés 4 de 2001. Fue la famosa temporada en que el Liverpool de Gérard Houllier conquistó FA Cup, Copa de la Liga y Copa UEFA.
No se me olvidará nunca la odisea que sufrí en México para ver la final de la Champions de 2005. Acabé en la habitación de un semidesconocido que tenía televisión de pago y pude ver el partido mientras engullía un bocadillo (una torta) con muchos más ingredientes de los que técnicamente tienen cabida entre dos trozos de pan.
En 2006 me emocioné porque mi West Ham alcanzó la final de la FA Cup. Pero cuando ya cantaba victoria apareció un tal Steven Gerrard para marcar un gol desde su casa y dejarnos en la ruina (más conocida como nuestro hábitat natural). Una afrenta personal que no fui capaz de perdonarle hasta muchos años más tarde.
Podría seguir horas y líneas desgranando la carrera del mejor jugador que ha pisado Anfield con una camiseta roja en los últimos 20 años. Y uniéndolos con mis recuerdos. Porque ahí radica la cuestión. Por eso nos resulta tan doloroso ver cómo un jugador que ha vestido la misma camiseta, pisado los mismos céspedes y aparecido en televisión a la misma hora cada semana durante 17 años se marcha. Nos recuerda que el inexorable paso del tiempo también nos afecta a nosotros.
Cuando Gerrard debutó, yo era un joven repleto de ambición con una buena mata de cabello. Mientras sale ovacionado de Anfield, los ojos que le observan son los de un cuarentón con ojeras y mucho cansancio encima. No se marcha un jugador. Se marcha una parte de nosotros. De nuestra vida.
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