El faraón de Merseyside
Mohamed Salah ha sido nombrado mejor jugador de la Premier League por la asociación de futbolistas tras una temporada de ensueño. Pero, para llegar hasta aquí, el egipcio tuvo que sortear un gran número de dificultades de la única manera que sabe: con un balón en los pies y con los pies en el suelo.

"Slumdog Millionaire" es una película que, a grandes rasgos y sin caer en demasiados spoilers, trata sobre un muchacho de un barrio marginal de la India que consigue hacerse millonario de la noche a la mañana y contra todo pronóstico. En definitiva, uno de esos filmes que emocionan y cuentan que nada es imposible. La historia de Mohamed Salah guarda similitudes con la de Jamal Malik, el protagonista de la película indio-británica. El egipcio ha conseguido escalar desde sus inicios humildes en el norte de El Cairo hasta clasificar a su país por primera vez en casi tres décadas a un Mundial y conseguir ganar el premio que otorga la asociación de futbolistas profesionales (PFA, por sus siglas en inglés) al mejor jugador del año en Inglaterra. Y todo gracias a dos virtudes que han sido una constante a lo largo de su carrera: humildad y constancia.

Salah nació hace casi 26 años en Nagrig, una pequeña localidad de la región de Gharbia, en Egipto. Dicha región tiene una fuerte tradición rural debido a que se ubica cerca del río Nilo, lo cual confiere una tremenda fertilidad a sus tierras en un país por lo demás muy seco. Además, está ubicada entre Alejandría y El Cairo, a una distancia considerable de ambas. Pero Salah, pese a estar destinado a seguir una vida de un egipcio tradicional de la región de Gharbia, tenía el sueño de jugar en los mejores estadios del mundo. Él no quería ser uno más, sino un héroe nacional con el balón pegado a unos pies que nunca se despegarían del suelo.

En su número de marzo de 2018, la revista inglesa FourFourTwo le dedicó a Salah su portada bajo el título "The king". En una extensa entrevista con el jugador del Liverpool, Salah cuenta alguna anécdota bastante reveladora de su juventud en Egipto. En un partido con el equipo sub-16 de El Mokawloon (propiedad de la empresa constructora Arab Contractors) jugó como lateral izquierdo y falló cinco mano a mano contra el portero. El joven Salah se fue al vestuario tremendamente disgustado, envuelto en lágrimas por la decepción. Su entrenador, Said El-Shinini, le prometió al joven que nunca más jugaría en el lateral y que empezaría a jugar de extremo derecho. “Le dije que iba a ser el máximo goleador del equipo sub-16 y del equipo sub-17”, cuenta El-Shinini. Y no se equivocaba, ya que entre los dos equipos anotó 35 goles.

Pese a su buen rendimiento en los equipos juveniles del El Mokawloon, Salah tenía un obstáculo enorme que sortear cada día que tocaba entrenar: la distancia. “Faltaba mucho a la escuela para llegar a tiempo a entrenar. Había días que estaba solamente dos horas en clase”, declaraba Salah para FouFourTwo. Cuatro horas divididas en otros tantos autobuses separaban al joven egipcio de su destino. El cansancio que suponía estar tanto tiempo en un autobús afectaba a su buen hacer en los entrenamientos. “Nunca entrenaba bien por el cansancio. Aun así, El Mokawloon le ofreció un contrato profesional porque sabían que tenía talento”, afirma Ahmad Yousef, periodista egipcio y editor del sitio web KingFut.com.


“Faltaba mucho a la escuela para llegar a tiempo a entrenar. Había días que estaba solamente dos horas en clase”, declaraba Salah para FourFourTwo

En mayo de 2010 llegó el primer premio a la perseverancia de Salah. El extremo debutó a los 16 años en la liga egipcia en un empate a uno entre El Mokawloon y El Mansoura. Tras unos cuantos partidos en los que el joven se postuló como el mayor talento egipcio, todo iba viento en popa con la participación de los Juegos Olímpicos de Londres a la vuelta de la esquina, hasta que una tragedia provocada por la unión del fútbol y la política frenó su carrera. El 1 de febrero de 2012 ocurrió la tragedia de Puerto Saíd, un triste suceso acaecido durante un partido entre Al-Masry y Al-Ahly a causa del cual fallecieron 74 personas y hubo más de 500 heridos por la invasión de campo de los radicales del Al-Masry, contrarios políticamente a los de Al-Ahly.

La liga egipcia se suspendió, ya no había ni razones ni fuerzas para seguir jugando al fútbol. Pese a ello, Egipto tenía una cita con los Juegos Olímpicos y no podían fallar a las víctimas. En los partidos para recuperar el tono de cara a tan importante cita, Egipto sub-23 se enfrentó al Basilea suizo. En aquel partido, Salah brilló anotando dos goles pese a salir en la segunda mitad. El equipo suizo no dudó y decidió firmarlo antes de que más clubes se fijasen en él por los Juegos Olímpicos.

Salah peleando un balón ante Bielorrusia en los Juegos Olímpicos de 2012 (Graham Stuart/AFP/Getty Images).

Tras un buen desempeño en los Juegos Olímpicos (en cuatro partidos anotó tres goles), el egipcio llegó a su nuevo equipo. En Suiza se encontró con otro obstáculo que debería sortear si quería cumplir su sueño. La cultura y el idioma fueron una barrera complicada de superar estando solo en sus primeros seis meses. Entonces, en invierno, apareció su ángel de la guarda en forma de futuro jugador del Arsenal: Mohamed Elneny. Con su nuevo compañero al lado, su confianza y sus números empezaron a crecer. El extremo empezó a sumar actuaciones memorables en Suiza y en Europa, demostrando que estaba listo para dar el salto.

Una buena actuación de Salah ante el Chelsea hizo que José Mourinho se lanzase a por él en el mercado invernal de 2014, haciendo una oferta de 11 millones de libras, dando así el pistoletazo de salida a su peor etapa como profesional. Mourinho apenas confiaba en él, y se pasó la mayor parte de su tiempo entre el banquillo y el palco, esperando su momento. En una de sus pocas oportunidades con el Chelsea jugó contra el Liverpool en Anfield, en un guiño del destino. “Cuando era pequeño, el Liverpool era mi equipo favorito en la Premier League. Fue increíble jugar aquel día en Anfield”, confesaba Salah en FourFourTwo.

Un año después de llegar a Stamford Bridge y no tener casi oportunidades de mostrar su talento, Salah se fue cedido a la Fiorentina en el mercado de invierno. En aquel equipo, además de coincidir con grandes jugadores como Marcos Alonso o Mario Gómez, estuvo bajo el mando de Vincenzo Montella, entrenador que le ayudaría a recuperar el nivel gracias a su estilo de juego. Además, en el Artemio Franchi sus goles tuvieron un significado especial: Salah lució el dorsal 74 en homenaje a las víctimas de Puerto Saíd. El egipcio consiguió unos buenos números en Florencia que se tradujeron en un buen funcionamiento colectivo, ya que la “Fiore” consiguió una meritoria cuarta plaza. “En Florencia era poco más que considerado Ra por sus goles y rendimiento”, afirma Enrique Julián Gómez, periodista español especializado en fútbol italiano.

Salah recordaba a las víctimas de la Tragedia de Puerto Said con su dorsal (Filippo Monteforte/AFP/Getty Images).

Ese amor que los aficionados le tenían a Salah se tornó en odio. Al estar cedido con opción de compra, la Fiorentina decidió ejecutar dicha opción, pero una serie de acontecimientos hizo que Salah no volviese a jugar con la camiseta Viola. Montella dejó el equipo y Salah, aunque lo desmintiese en público, no quería seguir en el Artemio Franchi sin el entrenador transalpino al mando. El egipcio aprovechó un anexo privado de su contrato mediante el cual podía anular la decisión de la Fiorentina para volver al Chelsea. Pero no fue una vuelta normal, sino una vuelta con billete de ida y vuelta a Italia pero en dirección a Roma esta vez, más concretamente a la zona Giallorossi de la capital transalpina. Esta decisión provocó la ira de la Fiorentina, que denunció la situación ante la FIFA que, tan inoperante como siempre, decidió no hacer nada. “Como consecuencia, los aficionados de la Fiorentina le tienen bastante tirria a Salah. Fueron del amor al odio en poco tiempo, aunque tampoco fue algo exagerado”, cuenta Enrique Julián.

“Cuando era pequeño siempre me fijaba en Zidane o Totti”, declaraba Salah en FourFourTwo. El sueño de su infancia de compartir campo con Francesco Totti se iba a ver cumplirlo de la mejor manera posible: Salah se ganó su respeto en los últimos momentos de la carrera del delantero italiano. En el Olímpico de Roma. el egipcio tenía un mejor equipo a su alrededor y a dos entrenadores con un estilo que potenciaron sus virtudes. Primero Rudi García y, meses después, Luciano Spaletti consiguieron mejorar los registros de un Salah que entre su rendimiento y su buen comportamiento poco tardó en ganarse el corazón de su nueva afición. “Será bien recibido en la venganza ochentera contra el Liverpool”, afirma Enrique Julián. Y no es para menos, ya que los aficionados aún guardan un buen recuerdo del que fue su estrella. Además, su marcha llegó en un momento necesario por los problemas del conjunto romano con las normas de juego limpio financiero.

Salah celebrando un gol junto a Totti (Paolo Bruno/Getty Images).

Irse al Liverpool posiblemente haya sido la decisión que más le ha aportado deportivamente. La forma de ver el fútbol que tenía Jürgen Klopp, los jugadores que le iban a rodear y el estilo de juego que predomina en la Premier League eran óptimos para el veloz extremo de Nagrig. Y como era de esperar, Salah le mostró al mundo que él estaba hecho para formar parte del Olimpo del fútbol. El inicio de la temporada no fue bueno a nivel colectivo, pero le trajo una de sus mayores (por no decir la mayor) alegrías que le ha dado el fútbol. El 8 de octubre de 2017 un gol en el último suspiro de Salah clasificó a Egipto para un Mundial después de 28 años de ausencia. Todos esos tramos interminables de autobús, todos esos partidos en los que se quedó fuera por decisión técnica y todo el esfuerzo invertido habían dado sus frutos. Salah se convirtió en el héroe de su país.

Aunque hubiese fallado ese penalti que llevó a la gloria a toda una nación, sus paisanos no le habrían dado la espalda. En Egipto, Salah es prácticamente una deidad. Un hombre que aparece en todos los anuncios posibles y que es querido por todos los aficionados. Tanto que en las últimas elecciones de su país consiguió el mismo número de votos que la oposición pese a no presentarse ni tampoco tener intención de hacerlo. Su origen y actitud humilde sumados a su cantidad de gestos hacía su pueblo se han ganado el corazón de más de 93 millones de egipcios. “Cuando vuelve a Egipto sigue viviendo en la misma casa de su pueblo, donde ha construido un gimnasio y un campo de fútbol. Además, donó bastante dinero a la asociación de jugadores veteranos de Egipto”, afirma Yousef.

Con su país en el Mundial, el reconocimiento de la PFA a mejor jugador de la temporada y la posibilidad de hacer historia en Europa con el Liverpool, Salah sigue teniendo los pies en el suelo. Sus 31 goles ya le colocan como historia de la Premier League al igualar el récord de goles de Luis Suárez, Alan Shearer y Cristiano Ronaldo en una temporada de 38 partidos. Aún le quedan partidos para superarlo pero, lo haga o no, volverá a su pueblo con su familia antes de ir a Rusia a hacer historia con su país. Quizás ahí radique la clave de su éxito, en deberse siempre a los suyos y jamás traicionar sus principios. En ser un faraón que gobierna con su gente y para su gente.

Comentarios
Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información