El Goliat que se convirtió en David
Tras la derrota ante el Crystal Palace en Anfield, el Liverpool se ha complicado su clasificación para la Champions League cuando parecía tenerla ya en el bolsillo. Sin embargo, el equipo de Jürgen Klopp se ha caracterizado esta temporada por perder ante los pequeños lo que ha ganado ante los grandes.

El Liverpool se ha proclamado campeón de liga esta temporada. Bueno, más o menos. Lo sería si la liga la disputaran entre sí los seis nuevos grandes del fútbol inglés. En efecto, el Liverpool es el equipo que ha sumado más puntos en los duelos directos contra Manchester City, Manchester United, Chelsea, Arsenal y Tottenham. Los Reds son el único equipo que no ha perdido ninguno de estos diez partidos, en los que ha sumado cinco victorias y cinco empates. El presunto campeón, el Chelsea, ha perdido tres de esos partidos (uno de ellos en Stamford Bridge contra el Liverpool). El Arsenal ha perdido cuatro. Pero si es el mejor entre los grandes, ¿por qué el Liverpool está luchando por entrar en Champions y no por el título de liga?

El equipo de Anfield ha perdido seis partidos esta temporada, ante Burnley, Bournemouth, Swansea, Hull, Leicester y Crystal Palace. Estos equipos ocupan actualmente estas posiciones en la tabla: 12º, 13º, 15º, 16º, 17º y 18º. No hace falta haber ganado el premio Nobel de matemáticas (un honor que no he tenido el gusto de recibir todavía) para detectar un patrón en esa secuencia. El Liverpool que triunfa consistentemente ante los grandes es el mismo que sucumbe consistentemente ante los pequeños. Tratemos de averiguar los motivos que se esconden detrás de esa constatación.

Un análisis superficial de esas seis derrotas arroja algunos datos comunes. A excepción del partido en la costa sur ante el Bournemouth (donde el Liverpool fue por delante una hora, desde el minuto 20 en que se adelantó hasta el 79 en que se produjo el 3-3, lo que explica la anomalía en los datos), el Liverpool ha aglutinado la posesión con una media del 70% hasta alcanzar un máximo del 80,4% ante el Burnley. De hecho, aquel encuentro estableció un nuevo récord en la Premier League: fue el partido en el que un equipo se impuso con menos posesión. Los Clarets de Sean Dyche ganaron 2-0 con solo un 19,6% de cuota de balón. Además, el Liverpool siempre dirigió al menos diez disparos contra la portería rival, hasta el registro máximo de 26 alcanzado en Burnley.

Para identificar las deficiencias del Liverpool, los motivos ocultos por los cuales es incapaz de vencer la resistencia de esos equipos a pesar de monopolizar el balón, debemos detenernos brevemente en el análisis de esos equipos. Con la excepción del Bournemouth y del Swansea en según qué periodos (conviene no olvidar que los galeses han tenido tres técnicos diferentes esta temporada, a través de los cuales han ido cambiando de libreto de estilo), son equipos que viven replegados. Y así lo hicieron ante el Liverpool. Un dato curioso que se deriva de este primer análisis: Leicester, Swansea, Crystal Palace y Hull vencieron al Liverpool tras cambiar de entrenador. En efecto, fueron Craig Shakespeare, Paul Clement, Sam Allardyce y Marco Silva los que lograron derrotar al Liverpool. Ese dato podría presuponer que el cuerpo técnico del Liverpool no estudió suficientemente a sus rivales o no tuvo partidos suficientes para hacerlo. Shakespeare debutó como primer entrenador del Leicester en la victoria por 3-1 ante el Liverpool.

Ante equipos replegados cerca de su portería que apuestan por la acumulación para defender su meta, la calidad individual suele ser determinante. Es en esas situaciones complicadas donde contar con un futbolista de primer nivel mundial que sea capaz de imponerse en sus duelos individuales es crucial. En el análisis de los jugadores del Liverpool en estos encuentros también parece emerger un patrón.

Sadio Mané es el jugador del equipo que ha participado en más goles en esta Premier League (18 en total, 13 goles y 5 asistencias), a pesar de sus lesiones y de su viaje a Gabón para disputar la Copa de África. El senegalés no participó en los partidos ante Burnley, Crystal Palace y Swansea. En Bournemouth fue el mejor de su equipo con un gol y una asistencia pero ni siquiera eso fue suficiente ante la debacle defensiva de su equipo, que encajó cuatro goles aquella tarde.

Más allá de las repetidas ausencias de Mané (más las esporádicas de Philippe Coutinho o Adam Lallana), el análisis de las seis derrotas del Liverpool arroja otros registros reveladores. A pesar de un número de disparos más o menos acorde con el porcentaje de posesión de balón, el Liverpool ha sido incapaz de generar ocasiones claras. El último encuentro ante el Crystal Palace es revelador: los Reds dispararon 14 veces contra la portería rival pero solo uno de ellos fue ente los tres palos, curiosamente el disparo de falta directa de Coutinho. Por contra, el Palace disparó solo siete veces contra la portería de Simon Mignolet pero tres de ellos fueron entre los tres palos. Esa es otra de las conclusiones del análisis.

El Liverpool no solo es incapaz de vencer la resistencia de equipos replegados que acumulan efectivos frente a su portero sino que además no es capaz de estructurarse correctamente cuando tiene el balón para evitar los contraataques rivales. Así le derrotó cómodamente el Leicester, al que le bastó con robar y desplazar rápidamente hacia Jamie Vardy para desnudar las vergüenzas de los Reds.

La derrota ante el Palace obliga al Liverpool a no fallar más en lo que resta de temporada, cuatro partidos que le enfrentarán a Watford, Southampton, West Ham y Middlesbrough. En otras palabras, los clasificados 10º, 9º, 14º y 19º. Si quiere conducir a su equipo a la Champions League, Jürgen Klopp deberá encontrar una vía para superar la obstinada resistencia de esos equipos, que recurrirán con toda seguridad a la estrategia que ha dado tan buen resultado a sus predecesores.

Y en verano, Klopp hará bien en buscar jugadores determinantes del estilo de Mané que puedan ocupar las posiciones de ataque del 4-3-3 del estratega alemán. Roberto Firmino ha ocupado el puesto de delantero toda la temporada pero no es un goleador nato. Coutinho y Mané se han perdido una cantidad nada desdeñable de partidos durante la temporada. Así que Klopp deberá comprar gol, creatividad e imaginación este verano.

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