Jordan Henderson: el brazalete de la paciencia
El ex del Sunderland llegó a Merseyside sin tener demasiado claro cuál era su rol. El tiempo y su trabajo en silencio le hicieron heredar la difícil papeleta de portar la mítica cinta de Steven Gerrard. El ‘14’ se tuvo que hacer a esa presión y acabó convirtiéndose en uno de los capitanes más importantes de la historia del Liverpool.
Henderson. / Liverpool

Un Gerrard pletórico mostraba a Wembley el trofeo de aquella dramática Carling Cup del año 2012. Al fondo, detrás de un Martin Škrtel que portaba en su cabeza unas gafas de sol, observaba la escena con orgullo un joven y lampiño Jordan Henderson. Esperaba impaciente que le llegase la copa para poder levantarla al cielo, sin saber que no sería lo más importante que recibiría de manos de ‘Stevie’. 

Aquella primera temporada en Anfield Road no fue fácil. Dalglish había insistido mucho en él. Venía de ser el jugador joven del año en el Sunderland, club de su ciudad natal. Los ‘reds’ habían pagado 13 millones de libras más el pase de David N’Gog. Y era la primera pieza del utópico proyecto de rejuvenicimiento y “britanización” de la plantilla que ideó Damien Comolli. “El día que me despidieron me dijeron que había cometido un gran error fichando a Henderson por ese dinero”, reveló el exdirector deportivo en talkSPORT. Su precio le supuso desde el primer día una presión añadida. El joven centrocampista parecía perdido en el equipo. No sabía muy bien cuál era su papel. 

Tan decepcionante fue la campaña de su debut, que, con la llegada de Brendan Rodgers al banquillo, se pensó en darle salida. El club le propuso un intercambio con Clint Dempsey, del Fulham, pero el inglés lo rechazó. Sabía que no era el momento de partir. Y quería ganarse la confianza del nuevo entrenador. Pronto sería titular indiscutible. “Estoy muy agradecido con Brendan. Fue brillante conmigo a partir de ese momento. Me ayudó a crecer como jugador y como persona”, admite Henderson en la web del club. 

El ‘mackem’ había conseguido asentarse en el Liverpool. ¿Quién lo hubiese creído un año antes? El inglés era imprescindible en el sistema de Rodgers, ocupando una nueva posición para él, como era la de pivote en un centro del campo compuesto por tres jugadores. El equipo carburaba y ‘Hendo’ era el motor. Todo iba sobre ruedas. Los ‘reds’, con una pegada tremenda arriba, llegaban líderes a la jornada 36 de una Premier League 13/14 que estaban peleando casi por sorpresa. Pero Henderson no podía jugar. El centrocampista había sido expulsado un par de fechas antes por una entrada desmedida sobre Samir Nasri. Debía cumplir sanción y el Chelsea de Mourinho visitaba Anfield Road. 

El Liverpool encaraba el partido del año sin su jugador más silencioso pero menos prescindible. Los Reds siempre perdieron puntos aquella temporada cuando él no estuvo. Y el cuento sería el mismo ante los Blues. Desgraciadamente para ellos, con un mismo triste final. Henderson fue testigo de aquel inoportuno resbalón de Gerrard. Y de cómo a su equipo se le escapaba la liga en el momento menos esperado. ¿Qué hubiese pasado con ‘Hendo’ sobre el campo? La vida parecía volver a decirle que no. Pero el tiempo le demostró que solo le estaba pidiendo paciencia. 

Un primer reconocimiento iba a llegar en su tercer año en Anfield. El Liverpool confirmó que sería uno de los capitanes, junto a Steven Gerrard. "Tanto él como Steven son ejemplos por cómo se comportan dentro y fuera del campo, por cómo viven sus vidas y por cómo abordan su trabajo", declaró Rodgers a la web del club. Saber que portaría en algunos partidos el brazalete infló de orgullo su pecho. Y de paso también sus estadísticas, llegando a marcar una inusual cifra personal de siete goles. El centrocampista hizo méritos más que suficientes para ganarse su renovación hasta el año 2020. Pero su buen rendimiento no se tradujo en éxitos para su equipo, que no pudo luchar por la Premier League —cayeron a la sexta plaza— tras perder piezas clave en verano, como Luis Suárez, y no haberse reforzado en condiciones. 

El verdadero mazazo de aquella desilusionante campaña no fue quedar sextos en la tabla. En el ecuador de la temporada, Steven Gerrard comunicó que ese iba a ser su último curso en Anfield. Era el turno de Jordan Henderson, un jugador que había llegado solo tres años antes. ¿Estaba preparado? Le tocaba heredar el brazalete de uno de los grandes mitos del club. Y las comparaciones, siempre odiosas, no tardarían en llegar. “Cuando Gerrard se fue, pensé: '¿Dónde vamos ahora? ¿Cómo puedes hacer frente a perder la presencia de alguien así? El Liverpool estaba perdiendo un icono”, explica a Daily Mail Jamie Redknapp, capitán del equipo a principios de siglo.

Henderson y Klopp, fundidos en un abrazo. / Liverpool FC
Henderson y Klopp, fundidos en un abrazo. / Liverpool FC

 

El centrocampista nunca pecó de cobardía. Asumió la responsabilidad y no decayó. Siempre tuvo claro lo que debía hacer: “Seguiré con lo que estaba haciendo la temporada pasada y también trataré de asumir más responsabilidad en el equipo y con mis compañeros. Todos tenemos el mismo objetivo, traer éxitos a este club y a nuestros seguidores”, declaró tras el anuncio. 

La llegada al banquillo de Jürgen Klopp acabaría suponiendo un radical giro de guion en la historia reciente del Liverpool. Y, sin duda alguna, también en la de Jordan Henderson. Tras una difícil primera temporada con el alemán a los mandos, en la que se perdió tres meses de competición por una lesión en el pie, el internacional inglés volvió a adquirir ese rol de imprescindible en el centro del campo. Su actitud y dedicación impresionaron al entrenador desde el primer día. Al capitán ya no le faltaba confianza. Quería títulos. Y no faltaron oportunidades. El equipo alcanzó dos finales europeas en solo tres años, pero en ambas cayó derrotado. Tras tres temporadas con el brazalete, aún no había estrenado su palmarés como capitán. Él quería una foto como ‘Stevie’. El ‘14’ ansiaba la gloria, pero el fútbol le volvía a decir que no. 

"Tenemos un equipo fantástico y podemos pelear por la Premier League, la Champions League y las copas. Hoy nos ganó un gran equipo, tenemos que estar orgullosos de haber llegado hasta aquí", dijo ‘Hendo’ tras caer en la final de la Champions de 2018 en Kiev contra el Real Madrid. El capitán no perdía la fe en su equipo, sabía que merecería la pena esperar. Ese mismo verano, el Liverpool se hizo con los servicios de Fabinho y Keïta. El inglés parecía prescindible. “La competencia siempre es buena. Nos estamos presionando los unos a los otros en los entrenamientos para ganarnos la titularidad”. 

Una conversación entre el técnico y el capitán cambiaría la suerte y el futuro del segundo en el equipo Red. El Liverpool obtuvo la victoria en dos importantes choques ante el Southampton y el Oporto. Y Henderson había abandonado la demarcación de pivote para ocupar una posición más adelantada en el centro del campo. “Fue mi culpa si durante un año y medio estuvo jugando de seis. Os pido disculpas, pero lo necesitábamos ahí”, bromeaba Klopp tras el encuentro de Champions. Fabinho pasaría a la antigua posición del ‘mackem’, que se vería más aliviado en cuanto a las tareas defensivas. Esta permuta fortaleció al equipo y el capitán ganó en confianza, volviendo a ser decisivo en metros finales como asistente. ‘Hendo’ ya no solo era importante por portar el brazalete. También lo era por su aportación en el juego. 

La Premier League se volvía a escapar, a pesar de alcanzar el récord de puntos del club. Pero en la Champions tendrían una nueva oportunidad, después de una remontada histórica en Anfield frente al Barcelona. “Henderson debe haber perdido la cuenta de las veces que se le ha cuestionado. Pero nunca por parte de alguien que haya tenido la suerte de trabajar con él", afirmó su compañero Robertson antes de la final inglesa en Madrid. El Liverpool doblegó al Tottenham en un partido sin demasiado brillo. Tras el pitido final, Henderson y Klopp se fundían en un abrazo. Alguna lágrima cayó. El capitán quiso reconocer el mérito de su entrenador en la sala de prensa: "Sin él esto habría sido imposible. Ha habido momentos duros esta temporada, pero lo que ha hecho este técnico desde que llegó al club es increíble. Ha creado un vestuario muy especial, con mucho compañerismo". El inglés conseguía levantar, después dudas, lesiones y una insoportable presión, su primer título como capitán: la sexta Champions de color ‘red’. Hughes, Thompson, Souness, Gerrard y Henderson. Su apellido ya era eterno. 

La presente temporada ha estado cargada de éxitos y más éxitos. La espera se hizo eterna, pero acabó dando sus frutos. El ‘14’ ha continuado levantando títulos internacionales, como la Supercopa de Europa, además del primer Mundial de Clubes de la historia del club. Pero el hambre de Henderson y de su equipo no se había saciado. Sabían que todavía les faltaba uno. Un trofeo que ni el mismísimo Steven Gerrard fue capaz de llevar a las vitrinas de Anfield. Y por el que llevaban suspirando muchísimo tiempo. Treinta años para ser exactos. 

La histórica Premier League 2019/2020 del Liverpool ha sido para quitarse el sombrero. Se pusieron en cabeza en la segunda jornada y, desde entonces, nadie ha sido capaz de arrebatarles el primer puesto. "Siempre sentí que creía en este equipo. Es fantástico poder devolver el título de la Premier League a este club después de tanto tiempo”, declaró Henderson a BBC tras proclamarse campeón de manera matemática. Tantos y tantos fueron los capitanes que lo intentaron y fracasaron desde que Alan Hansen levantase la última liga  Red allá por 1990. Tenía que ser Jordan Henderson. Aquel futbolista que creyó y creyó. Ese jugador sobre el que Klopp escribiría “un libro de 500 páginas”. Aquel tipo que llegó a Merseyside sin ser nadie y que se empeñó en convertirse en unos de los más importantes capitanes de la historia del Liverpool.

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