¿La Premier League más aburrida de la historia?
La Premier League 2017-18 echó el telón. Una edición sin emoción, ni por arriba ni por abajo. Donde el único nombre propio que ha sobresalido ha sido el de Mohamed Salah. Sin innovaciones tácticas mayores ni revelaciones que captaran a los aficionados neutrales. Una liga para el olvido a pesar de los récords.

Si uno echa la vista atrás para repasar las veinticinco ediciones anteriores de la Premier League, no tardará en darse cuenta de que, mientras algunas temporadas permanecen grabadas a fuego en la memoria, otras parecen haber acabado hace tiempo en la papelera de reciclaje del cerebro. Y no hay restauración posible.

Cuando uno habla de la Premier League de Agüero, nadie tiene dudas de que se refiere a la edición 2011-12, cuando el Manchester City remontó en el descuento del último partido un 1-2 del Queens Park Rangers. Cómo olvidar la liga de los invencibles de 2003-04 con su batalla de Old Trafford. O el triunfo del Manchester United en 1992-93 en la primera edición de la liga tras una sequía de 26 años. La épica batalla entre el alocado Newcastle de Kevin Keegan y el Manchester United de Sir Alex Ferguson en 1995-96. Los inesperados triunfos de Blackburn Rovers y Leicester City, separados por más de dos décadas. O el triplete del Manchester United de 1998-99 gracias al desliz del Arsenal ante el Leeds en la penúltima jornada. Incluso el primer triunfo del Chelsea de Roman Abramovich en 2004-05 con un joven José Mourinho al mando. En medio, ediciones que han caído en el olvido víctimas de la selección natural a la que están sometidos continuamente nuestros recuerdos.

¿Qué convierte una liga en algo memorable? Quizás una respuesta en la que una gran mayoría de los aficionados podría estar de acuerdo es la emoción. Sea en la lucha por el título, los puestos europeos o el descenso, que los equipos candidatos libren una batalla directa sin cuartel hasta el último día. En este sentido, la liga de 2011-12, cuando el título se decidió en el tiempo de descuento de la última jornada, se lleva la palma. Pero también una huida épica del descenso puede resultar digna de recordar. El Wigan de Roberto Martínez se especializó en ese tipo de gestas pero no ha sido el único. El West Ham se salvó en 2007 gracias a una victoria en Old Trafford en 2007 con gol de Carlos Tévez. Pero nadie ha igualado todavía la hazaña del West Brom en 2005, cuando empezaron la última jornada como colistas a dos puntos de la salvación. Los Baggies ganaron su partido y adelantaron a Crystal Palace, Southampton y Norwich, que acabaron en segunda división.

También son dignas de recordar aquellas ediciones en que irrumpió un invitado inesperado, un equipo con el que nadie contaba y que luchó hasta el final por el título. El Blackburn de Alan Shearer conquistó la liga en 1995 tras una larga pelea a cara de perro con el Manchester United. El Newcastle de Kevin Keegan estuvo a punto de lograrlo al año siguiente pero el equipo del norte colapsó cuando mejor lo tenía. Y nunca podremos olvidar al Leicester de 2016, un equipo que se salvó por los pelos del descenso la temporada anterior y que conquistó el título a pesar de que su triunfo se pagaba 5000-1 a principio de temporada.

En otras ocasiones, el talento de un jugador o de un equipo es capaz de iluminar toda una liga. Es el caso de Eric Cantona en el Manchester United, un futbolista cuyo virtuosismo convenció a los demás equipos de la liga de cambiar de sistema para integrar media puntas extranjeros creativos detrás de sus delanteros y renunciar al tradicional 4-4-2. O más tarde de Gianfranco Zola, Cristiano Ronaldo, Gareth Bale, Dennis Bergkamp, Luis Suárez o Thierry Henry. Futbolistas cuyo talento y creatividad justifican por sí solos pagar una entrada o ver un partido.

Finalmente, algunas ediciones serán recordadas por sus innovaciones tácticas, normalmente fruto de la llegada de técnicos foráneos. Fue el caso de las primeras temporadas de Arsène Wenger, con su fútbol asociativo y ofensivo. O de José Mourinho con su estilo agresivo y de transiciones rápidas. O incluso la propagación de la defensa de tres la temporada pasada gracias al éxito del Chelsea de Antonio Conte.

Pero la edición que acaba de echar el telón no reúne ninguna de estas características. Desde antes de Navidad sabíamos que el Manchester City se proclamaría campeón y hace ya meses que la lucha por los puestos de Champions quedó también dilucidada. Como el curso pasado, los seis nuevos grandes han copado las primeras posiciones. Y por abajo, más de lo mismo. A pesar de su sprint final, el West Brom huele a muerto desde que aterrizó de vuelta de Barcelona. Como Stoke y Swansea. Solo el pésimo rendimiento de sus demás rivales ha prolongado su agonía hasta las últimas jornadas.

La gran revelación del curso ha sido el Burnley… con su séptimo lugar, más cerca del descenso (21 puntos por encima) que de la Champions (23 por debajo). A nada menos que 46 puntos del campeón. Y lo peor es que, aunque solo hace dos años que el Leicester desafió todos los pronósticos, parece que hace ya una eternidad por la forma en que los grandes han reaccionado a esa usurpación repentina de su férreo poder. Es como si los seis gigantes ingleses se hubieran confabulado para no permitir nunca más que un club que no sea miembro de su club privado pueda volver a colarse en su territorio.

Y lo curioso del caso es que ha sido una liga de récords. Mohamed Salah ha sido una agradable sorpresa y ha batido el récord de goles en una temporada de Premier League de 38 partidos con 32 dianas. El egipcio ha sido posiblemente el único actor individual que ha destacado en un reparto, por lo demás, bastante plano.

También el campeón Manchester City ha batido media docena de récords, incluyendo puntos, goles a favor y victorias. Pep Guardiola ha perfeccionado su juego de posición en versión inglesa y se ha convertido en el campeón que más pases ha completado en una temporada, 25.143 (casi el triple que el Leicester cuando fue campeón en 2016). Pero propiamente no podemos decir que haya sido una liga rica en innovaciones tácticas. El Manchester City ha replicado el 4-3-3 tradicional del fútbol de posición del Barcelona añadiendo algunos hallazgos de la época alemana de Guardiola, como los movimientos fuera-dentro de los laterales. Pero colocar a Fabian Delph como lateral izquierdo puede difícilmente ser considerada como una invención digna de reseñar.

El Manchester City fue una apisonadora durante los primeros siete meses de competición y nos regaló pasajes de fútbol brillantes. Mohamed Salah ha sido una delicia de ver. Pero ¿cuántos partidos de esta liga recordaremos dentro de veinticinco años? ¿La primera derrota del Manchester City ante el Liverpool con la liga decidida? ¿La segunda y última ante el Manchester United que aplazó el alirón del City durante una semana? Sobre 380 partidos, no parece un bagaje propio de una cosecha afamada. Porque esta de 2017-18 difícilmente resistirá la prueba del paso del tiempo.

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