La última batalla de los Tigres
Vencer a las adversidades siempre ha sido parte del ADN del Hull City pero ¿estará el club viviendo sus últimos días?
Por Diego Gomezjurado | 12/02/2018 Hull City

La gran escapada

La década de los 90 fue notablemente complicada para el Hull City AFC. A pesar de comenzar la década en la antigua segunda división, las dificultades económicas hicieron que el club descendiera rápidamente y se viera a las puertas de la liquidación por deudas a la Hacienda pública debido al mal manejo del club por parte de sus dueños, particularmente del extenista británico David Lloyd. Estuvo a cargo del club poco más de un año en el que libró una pelea abierta con los fanáticos y terminó vendiendo el equipo a un consorcio en noviembre de 1998.

En la temporada 1998-99, la suerte parecía echada. El club estaba en la última posición, a nueve puntos de la salvación; nada podía salvar al Hull City AFC de descender a la quinta división del fútbol inglés para así ir a juicio por sus desorbitadas deudas y acabar desapareciendo. Pero en la adversidad surgen los líderes y los héroes, y así fue como un mediocampista oriundo de Oldham llamado Warren Joyce tomó las riendas del equipo como jugador-entrenador y obró el milagro. Warren fichó a jugadores que nadie quería y a pesar de trabajar bajo una intensa nube de adversidad económica e institucional desafió a la lógica y salvó al club. La gran escapada de Warren Joyce salvó al club y gravó el nombre de Joyce entre las leyendas del club.

El cierre de Boothferry Park

La gran escapada de Warren Joyce trajo esperanza para todos. El nuevo milenio presentaba la oportunidad de dejar lo malo atrás y por fin lograr la estabilidad que merecía el equipo. La temporada 2000-01 ratificó esa esperanza. El Hull City AFC se hizo fuerte de local en Boothferry Park y peleó por disputar los play-offs a fin de temporada. Sin embargo, un 6 de febrero de 2001, el villano David Lloyd volvió a aparecer. Como parte de la venta del club en 1998, Lloyd se había asegurado ser dueño del estadio para así cobrar al club mensualidades por su uso. Con el pleno conocimiento de que el club tenía una deuda de más de un millón de libras, Lloyd se cobró su venganza. Aduciendo que el club le debía 45.000 libras en mensualidades, personalmente cerró el estadio a tan solo días de un importante partido contra el Leyton Orient.

Hull City AFC fue llevado a juicio, donde le asignaron un grupo especial de administradores para poder saldar sus deudas. Esto llevó a que el partido finalmente se pudiera disputar en Boothferry Park después de que una promesa de pago fuese firmada con Lloyd. Para este encuentro, 8.000 hinchas se hicieron presentes (un número superior a los 5.000 asistentes de promedio) y con baldes y pancartas recolectaron dinero para poder ayudar al club. Nuevamente, a pesar de las dificultades económicas, el club logró clasificar a los play-offs en la temporada, pero fue eliminado por el Leyton Orient.

Nuevo dueño, nueva casa, nuevos éxitos

El nuevo milenio había comenzado diferente en lo deportivo para los Tigres, pero en lo económico las cosas no cambiaron. Las deudas provocaron que el fantasma de la liquidación siguiera al acecho. Eso terminó el día en el que el director comercial del Leeds United, Adam Pearson, compró el club en 2001.

Sin deudas y puramente enfocados en lo deportivo, la esperanza que acarreaban los fanáticos desde la gran escapada parecía que por fin se iba a materializar. Las temporadas 2001-02 y 2002-03 no trajeron réditos deportivos, pero sirvieron para fortalecer a la institución económicamente y también traer un poco de estabilidad a lo deportivo. Entre el fortalecimiento institucional cabe reseñar la construcción de un moderno estadio multipropósito (allí también juega el equipo de rugby Hull FC) en la ciudad. La financiación del estadio corrió a cargo del ayuntamiento de la ciudad de Hull que, tras el fiasco del proyecto liderado por Lloyd, determinó que nunca más un dueño iba a dejar al equipo sin su hogar. El estadio, la nueva imagen del club, su excelente dueño y la ambición de competir en mejores divisiones transformaron al club y lo llenaron de expectativas. Nadie hubiese imaginado lo que sucedió en los seis años posteriores.

Esos seis años necesitarían su propio artículo para hacerles justicia. Dicen que la excelencia crea el éxito y no hay que ir más allá de esta historia para confirmarlo. El trabajo sembrado en conjunto por Adam Pearson, los jugadores, el ayuntamiento de la ciudad y los fanáticos dieron como resultado el tercer ascenso más rápido de la cuarta división hasta la Premier League en la historia del fútbol inglés. En la temporada 2007, Dean Windass, un jugador nacido en Hull y vendido a mediados de la década de los 90 para poder pagar las deudas agobiantes volvió. Deano, como es apodado cariñosamente, bajo la atenta mirada de cerca de 40.000 fanáticos de los Tigres, anotó uno de los mejores goles en la historia de Wembley para ubicar al club, por primera vez en 104 años, en la élite del fútbol inglés.

La resaca de la Premier League y el regalo de la familia Allam

A inicios de la temporada 2007, el fantástico Adam Pearson dio un paso al costado y vendió el Hull City AFC a un consorcio de inversionistas que iban a llevar al club al siguiente nivel. El ascenso a la Premier League y la permanencia en la última jornada de la temporada 2008-09 le daban la razón inicialmente. Con el equipo en Premier League y una saludable cantidad de dinero ingresando regularmente en las arcas del club, todo apuntaba a que la ciudad iba a tener un equipo en la primera división por un largo rato.

Estas expectativas fueron desmoronándose poco a poco. El manejo irresponsable de las finanzas del club, que incluyeron la compra récord de Jimmy Bullard, que pasó más tiempo lesionado y en las discotecas de la ciudad que sobre el terreno de juego, llevaron a Hull City AFC a un territorio tristemente conocido. El descenso a la Championship en 2010 generó incertidumbre. El club debía millones de libras a la Hacienda pública y nuevamente se veía cerca de desaparecer.

El 10 de noviembre de 2010, la familia egipcia Allam, que había acumulado su fortuna vendiendo generadores marinos en la ciudad, llegó a un acuerdo para comprar el club. El contrato de compra especificaba que la venta club se realizaría por una libra esterlina con la condición de que Assem Allam solventara las deudas del club y realizara una inversión de 40 millones de libras. Tras el acuerdo de compra y las primeras declaraciones de Assem Allam en las que afirmó que la compra del club era “un regalo para la ciudad”, los fanáticos le prestaron todo su apoyo. Tras un período difícil parecía que volvía un dueño en el molde de Adam Pearson y el apoyo de los hinchas continuó por varios años en los que los resultados deportivos no fueron los mejores. La cordialidad entre dueños e hinchas dio como fruto un ascenso a la Premier League bajo la tutela de Steve Bruce.

Del sueño a la pesadilla

Deportivamente hablando, entre 2012 y 2017 fueron los años de gloria de Hull City AFC. Dos ascensos a Premier League, una final de la FA Cup y una inédita participación en la Europa League maquillaron los enormes problemas institucionales que vivía el club.

La familia Allam se desenmascaró y tras haber fallado en su intento de comprar el estadio multipropósito de la ciudad a un precio infinitamente inferior al real, buscó vengarse del ayuntamiento de la ciudad. Parte de esta venganza consistía en deslindar cualquier tipo de parecido con el gobierno municipal. Así es como Assem Allam decidió el 9 de agosto de 2013 pedir oficialmente ante la federación que el nombre del club cambiara de Hull City AFC a Hull Tigers. La justificación del egipcio era que el nombre Hull Tigers iba a atraer inversión del extranjero, particularmente del codiciado mercado asiático. Esa inversión iba a contrarrestar la inversión pérdida al no poder comprar el estadio y desarrollarlo con un hotel y casino.

Assem Allam posa con un joven aficionado antes del partido entre Hull City y Everton en el KC Stadium el 1 de enero de 2015 (Matthew Lewis/Getty Images).

El desconocimiento del mercado y de los valores tradicionales del fútbol inglés hicieron que la mayoría de los fanáticos se volcaran en contra de una idea mal concebida que iba en contra del club y de todo lo que el nombre Hull City AFC significó a lo largo de 109 años. A merced de esto, nació el colectivo "City Til I Die", que buscaba argumentar a favor del nombre tradicional del club ante la federación. El colectivo creó una membresía para solventar los gastos en la lucha por mantener el nombre. Adicionalmente, se comercializaron bufandas con el eslogan, que proviene de un canto tradicional del club, y los fanáticos comenzaron a cantar la canción en el minuto 19:04 de cada encuentro simbólicamente.

La oposición de los fanáticos causó la ira en el empresario egipcio, que no comprendía cómo los fanáticos estaban en contra de él y de su idea. Hizo unas polémicas declaraciones en los medios locales y nacionales donde afirmó que "los fanáticos pueden morirse cuando lo deseen", en respuesta a los cantos y que su idea era tan innovadora que en el futuro cercano el Manchester City debería considerar cambiar su nombre a Manchester Hunter. La batalla por mantener el nombre Hull City AFC terminó en abril del 2014, cuando la federación negó el pedido de cambio. Esto enfureció a Allam, que prometió apelar la decisión aduciendo que “nadie me dice cómo manejar mi negocio”. Su apelación no prosperó y la federación mantuvo su decisión.

Poco o nada le importó esto a Allam, que decidió cambiar el nombre de la página web y las cuentas de Twitter, Facebook y Youtube a Hull Tigers. Unilateralmente cambió el escudo del club quitando el nombre del club y desterrando cualquier tipo de referencia a City o AFC de todos los comunicados oficiales del club.

En guerra abierta con los fanáticos del Hull City AFC y bajo una crisis institucional extremadamente marcada, el club descendió en la temporada 2014-15 a Championship. Allam decidió invertir decididamente para lograr el ascenso a la Premier League inmediatamente y así poder ser partícipe de la lluvia de millones generada por el contrato televisivo. Su plan tuvo éxito y el plantel liderado por Steve Bruce volvió a ascender a la Premier League. En la temporada 2016-17, Steve Bruce renunció antes de iniciar por un altercado grave con Ehab Allam, el hijo del dueño, que tomó las riendas tras un quebranto en la salud de su padre.

Con el apoyo por los suelos y una pretemporada vergonzosa en la que el club únicamente logró reunir a doce jugadores de campo disponibles para enfrentarse al campeón defensor, el Leicester City (y aun así, ganó), la familia Allam por fin decidió vender al club. Todo parecía indicar que la pesadilla egipcia terminaría con la aparición de un grupo de inversionistas chinos en el KCOM a inicios de agosto. Sin embargo, la venta se cayó después de que los inversionistas chinos no aprobaran el examen que la federación efectúa a todos los posibles nuevos dueños. Tras la fallida venta del club, Ehab Allam buscó desesperadamente salir del embrollo en el que se había metido; pero en un movimiento sorprendente decidió dejar plantado a un inversionista estadounidense y no vender el club para destruirlo desde dentro como venganza ante los fanáticos y el gobierno municipal.

Es así cómo, tras librar su venganza, que incluyó la implementación de un sistema de abonos que no daba descuentos a niños, ancianos y discapacitados, y un descenso de la Premier League, la asistencia a los encuentros bajó de 24.000 personas a 11.000 actualmente. Con su plan en pleno funcionamiento, Allam vendió a los mejores jugadores del club y no invirtió dinero para fortalecer al club en su intento por volver a la Premier League.

Hoy en día, el Hull City AFC se encuentra en la zona de descenso de la Championship, sin inversión, sin fanáticos, con un estadio vacío. Sin lugar a dudas, el club está cayendo al abismo y los préstamos que el club le debe a la familia Allam son enormes y generan intereses exorbitantes. La familia Allam no tiene interés alguno por trabajar de lado de los fanáticos para mejorar su relación y el club no parece poder mejorar en lo deportivo.

Como sucedió en 2001, un dueño sin escrúpulos se está vengando de la institución. En esta situación de bloqueo, los candados son económicos y el único que tiene la llave para abrirlos es precisamente aquel que anhela la destrucción del club, todo bajo la vista y paciencia de las autoridades federativas. Los dueños se acabarán marchando pero dejarán un club sumido en deudas. Y lo único que logrará salvarlo nuevamente es su masa social recolectando dinero en baldes. Este viernes 16 de febrero, Hull City AFC se enfrenta al Chelsea en los octavos de final de la FA Cup en un partido televisado a nivel mundial. En esta ocasión, millones de personas alrededor del mundo serán testigos de la última batalla de los Tigres.

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